Vivencias de un opositor de Judicatura de los acontecimientos del día 23 Febrero de 1981



POR Vicente Rouco
Actualizado:23/02/2021 09:54h
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Vivía y estudiaba Derecho en Madrid.

Había iniciado la Carrera en el año 1976, justo coincidiendo con los momentos más apasionantes de la transición democrática, que viví como espectador privilegiado.

Entre ellos destaca el proceso constituyente y la aprobación de la Constitución Española. 

Dicho proceso no fue nada sencillo, y estuvo marcado por la generosidad y deseos de paz y convivencia de nuestro pueblo, y la valentía y determinación de algunas personalidades, entre ellas justo es hablar de sus luces,  SM El Rey Juan Carlos.

Hay momentos claves en la historia de las naciones, y España vivió uno de ellos el 23 de Febrero de 1981. Hoy es un buen día para evocarlos, transcurridos 40 años.

Ese año hacía 5º Curso de Derecho en turno de tarde. Aquel día coincidió que teníamos clase de Derecho Procesal. El profesor de la asignatura,  D. Guillermo Ostos, nos enseñaba Derecho Procesal Penal. Se daba la circunstancia de que en su cometido principal era oficial de la Guardia Civil, con el grado de Comandante, y desempeñaba la función de ayudante de campo del General Director de la Guardia Civil, Sr. Aramburu Topete.

Mientras explicaba, su buscapersonas sonó insistentemente. Nunca había ocurrido antes. Pidió excusas, se marchó un momento y al cabo de un rato regresó: “lo siento, se suspende la clase, tengo que irme de urgencia: una unidad de la Guardia Civil acaba de entrar en el Congreso de los Diputados” “váyanse a casa inmediatamente”.

Recuerdo la expectación y la gran emoción, así como la preocupación por la gravedad de los acontecimientos.

¿Se interrumpiría la ilusión de la transición democrática y de los primeros años de experiencia constitucional?  ¿Volveríamos atrás? ¿Triunfaría en España un nuevo pronunciamiento? ¡¡¡¡Qué tremendo retroceso¡¡¡ 

¿Otra vez truncarían nuestros ancestrales demonios el futuro de convivencia de nuestra amada España? 

Tenía clara mi vocación judicial, de hecho ya había iniciado la preparación de la oposición. Desde la ilusión por un nuevo ordenamiento jurídico basado en la primacía de la voluntad social de convivir en paz y libertad, veía la Constitución como el sustento de un régimen en el que la Justicia sería uno de los Pilares.

Recuerdo el regreso a casa  por las calles vacías, el metro solitario, la tarde sombría, el temor patente entre la ciudadanía…

Vivía cerca de la Carretera de Extremadura. A media tarde presenciamos desde casa el recorrido de una  columna de carros de combate que descendía rugiendo hacia Madrid. La tensión crecía. Porque se sabía que en Valencia columnas blindadas circulaban por la ciudad.

Fue una noche larga sin separarnos de la radio ni la TV. 

El Consejo General del Poder Judicial hizo una declaración de lealtad constitucional y los Subsecretarios siguieron ejerciendo sus tareas en ausencia del Gobierno secuestrado.

Hasta que felizmente la situación se aclara con el mensaje del Rey Juan Carlos.

Supimos que la columna de carros había regresado hacia los Cuarteles de Campamento.

A la mañana siguiente la solución: la liberación de los Diputados y del Gobierno, y el fin de la asonada.

No puedo olvidar las imágenes en el exterior del Congreso de los Diputados del General Aramburu y su ayudante, nuestro profesor, que luego nos relataría algunos pormenores.

El resultado feliz, el ejemplo de la serenidad del pueblo manifestándose con unánime sentir en los días posteriores a favor de la Constitución, la fortaleza de las instituciones, que pudieron funcionar, y la valentía de quienes se opusieron, y el proceso judicial posterior juzgando a los culpables, constituyen un ejemplo de la solidez del Estado de Derecho, un valor a preservar, lo mismo que las instituciones constitucionales que amparan a todos y son garantía de convivencia en paz y libertad. 

No olvidemos el ejemplo, y sepamos valorar y cuidar aquello que tanto trabajo costó conseguir y que tan fácilmente podemos perder si no ponemos el necesario coraje en su defensa cotidiana.

Albacete, 23 de febrero de 2021

Vicente Rouco Rodríguez

Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha

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