Luis Ojea: La muerte de Montesquieu



Actualizado:18/10/2020 10:05h
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No es fácil entender a Pedro Sánchez. Es probable que ni siquiera Pedro entienda muy bien a Sánchez. Por ejemplo, el Pedro que como líder del PSOE afirmaba que en 2017 en Cataluña «se produjo clarísimamente un delito de rebelión» no debe entender muy bien al Sánchez que como presidente del gobierno no considera que aquellos hechos se ajusten al delito de rebelión. De igual forma, el Pedro que va dando lecciones de democracia quizás tampoco entienda muy bien al Sánchez que pacta con Podemos enterrar el principio de separación de poderes. Seguramente aquel Pedro que en 2014 se comprometió a «hacer un CGPJ verdaderamente independiente del Gobierno» y que en 2016 insistía en defender que sus miembros fueran elegidos en «convocatoria pública, con una evaluación de la competencia e idoneidad de los candidatos por un comité asesor de composición profesional» es probable que no entienda al Sánchez actual que pretende rebajar la mayoría necesaria en el Parlamento para la designación de estos magistrados, facilitando así que el bloque de investidura pueda imponer unilateralmente la composición del órgano de gobierno de los jueces.

No es el primer tic autoritario de la coalición de izquierdas, pero sí el más grave. De lo que estamos hablando ahora es de socavar la independencia del poder judicial y, por ende, de cuestionar uno de los pilares más sagrados sobre los que se sostiene el Estado de Derecho.

No, no es la primera vez que la izquierda española «asesina» a Charles Louis de Secondat. De hecho, a Alfonso Guerra se le atribuye haber proclamado sin ambages que «Montesquieu ha muerto» para describir la reforma del Poder Judicial impuesta por el PSOE en 1985. Entonces, en realidad, se quedaron a medio camino. Ahora, el socialismo parece querer completar el «crimen».

En la actualidad no es un best seller, pero sería muy recomendable que todos los parlamentarios —en concreto los diputados gallegos del PSdeG, Galicia en Común y el BNG que sostienen a Sánchez e Iglesias— invirtiesen una tarde en leer «El espíritu de las leyes» que en 1748 escribió y publicó el señor de la Brède y barón de Montesquieu. Tres poderes —ejecutivo, legislativo y judicial— independientes, en el que ninguno manda sobre los otros. Un sistema de pesos y contrapesos. La vacuna frente a la tiranía. La base de un Estado democrático y de derecho.

Si se derriba esta viga maestra del sistema, acabará cayendo el resto de la arquitectura constitucional. Sánchez e Iglesias están conduciendo al país hacia el abismo. El drama es que probablemente los diputados del socialismo, el rupturismo y el nacionalismo gallegos serán cómplices del «asesinato» de Montesquieu sin siquiera plantearse cinco minutos lo que ello supondrá.

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