victoria en Roma tras 200 días sin jugar



¿Cuánto pesan 200 días sin jugar un partido de competición? No mucho para Rafael Nadal. El español, que durante toda su carrera se ha labrado una merecida fama de experto en reapariciones tras volver en innumerables ocasiones de distintas lesiones, regresó este miércoles a la competición en el Masters 1000 de Roma por primera vez desde que el circuito se suspendió como consecuencia de la pandemia de covid-19.  Lo hizo derrotando a Pablo Carreño (6-1, 6-1) en un partido de una sola dirección, coronado sin curvas y con una tremenda exhibición de poder. Fue algo sorprendente. El gijonés venía lanzado tras llegar a las semifinales del US Open hace unos días y posiblemente esperaba aprovecharse de la falta de ritmo del campeón de 19 grandes, sacar provecho de todo el óxido acumulado desde marzo, pero ocurrió exactamente lo contrario: quien viese el cruce sin saber nada de tenis pudo pensar que Nadal llevaba varios meses ganando títulos sin parar. [Narración y estadísticas] 

El mallorquín comenzó con nervios y un poquito desajustado, pero lo arregló pronto. En su primer juego del partido, Nadal se enfrentó a una bola de break después de tres errores seguidos (dos reveses fallados y una doble falta). Esa situación de peligro quedó en un anécdota: de un arranque peleado (dos juegos en 15 minutos) irrumpió el número dos con una confianza espectacular que se llevó por delante a su rival. Carreño cedió su primer saque del cruce (1-3) tras luchar un poco, tratando de resistirse, pero el segundo (1-5) se lo cedió al mallorquín envuelto con un lacito. 

La diferencia entre ambos rivales se hizo más pronunciada en la segunda manga, resultado de las buenas sensaciones de Nadal y la crisis de juego de Carreño. Bien asentado sobre la tierra, una superficie exigente con los automatismos, el balear lo hizo todo bien: se movió bien para darle protagonistmo a su drive, rápidamente encontró las posiciones que más le gustan al resto, se deslizó sin problemas para llegar a pelotas más complicadas y midió bien los momentos para atacar o defender. Eso también resultó llamativo: el mallorquín llevaba 465 días sin jugar en arcilla, desde que ganó Roland Garros en 2019.

Eso, sumado a los seis meses de inactividad, subrayaron una vez más lo que ya se sabe: que Nadal es un animal competitivo como pocos ha visto la historia.

Solo en una ocasión había estado Nadal más tiempo alejado de las pistas (entre 2012 y 2013 por una rotura parcial del tendón rotuliano izquierdo y una hoffitis). En consecuencia, nunca se había enfrentado a una inactividad tan larga estando bien físicamente. Eso no importó lo más mínimo. el mallorquín salió, se puso a jugar y se llevó una victoria sin posibilidad de debate. 

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