tras la descalificación, Djokovic vuelve en Roma sin bloqueos mentales



10 días después de ser descalificado del US Open como consecuencia de darle un pelotazo a una juez de línea en su partido de octavos de final, Novak Djokovic reapareció en el circuito debutando en el Masters 1000 de Roma con una victoria para espantar fantasmas (6-3, 6-2 a Salvatore Caruso) y confirmar que competir ha sido el camino que ha tomado para sacudirse de ese incidente. Visto lo visto, todo un acierto.

“Pensé que cuanto antes volviese a jugar, antes lo superaría”, dijo el serbio, cuatro veces ganador del torneo (2008, 2011, 2014, 2015). “Fue un shock terminar el US Open de esa manera. Hubo mucho debate sobre si era merecido o no, pero lo acepté y seguí adelante. Las reglas son muy claras al respecto. No lo he olvidado y no creo que lo olvide nunca, porque es una de estas cosas que se quedan en tu memoria para siempre”, prosiguió Nole. “Mentalmente he tenido altibajos durante cuatro o cinco días después eso. Tenía ganas de jugar lo antes posible tras lo que ocurrió en Nueva York porque las sensaciones en la pista deben ser positivas y necesitaba eliminar cualquier cosa que pudiese causarme problemas, en caso de haberlos. No he sentido que tuviera bloqueos mentales o emocionales jugando hoy, al contrario”.

Djokovic disputó su primer partido sobre tierra en más de un año (Roland Garros 2019) completamente adaptado, como si llevase semanas compitiendo en arcilla. De la mano del abecedario de la superficie (paciencia para aceptar puntos más largos, la movilidad en los desplazamientos y los deslizamientos o la perdida de importancia del saque), Nole amarró una victoria ante Caruso sin sufrir ni un poquito, y eso que el italiano se revolvió en bastantes juegos del primer set antes de claudicar irremediablemente en el segundo. 

Djokovic, durante su estreno en Roma.

Clive Brunskill

EFE/EPA

La victoria tuvo un valor altísimo para el campeón de 17 grandes. Más allá del pase a los octavos de final, Djokovic se llevó una alegría al jugar sin fantasmas colgados de su raqueta, lo que posiblemente se temió días después de analizar lo sucedió en el US Open. Si el serbio ha dejado atrás uno de los episodios más negros de su carrera o no es algo que tardará unas semanas en descubrir, pero su debut de este miércoles fue un buen paso para comenzar a olvidarse de la herida de Nueva York.

“No diría que he recuperado la felicidad porque soy feliz independientemente del tenis”, aseguró Djokovic. “Mi felicidad va más allá de ganar o perder un partido, pero estoy contento con mi forma de jugar hoy, desde el principio hasta el final. Me he sentido bien físicamente y también mentalmente. Todo está bajo control, todo está como se supone que debe estar”.

Eso, claro, es una buena noticia para el mejor jugador del mundo: Roland Garros está a la vuelta de la esquina, y ahí volverá a tener la oportunidad de acercarse a Rafael Nadal (17 grandes, por los 18 del español) en la carrera por ser el mejor tenista de todos los tiempos, que sigue liderando Roger Federer con 20.

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