“Si nadie lo hace, la vacuna no sale”




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Cuando Heder Gomes publicó en su Facebook que había sido uno de los 14.000 brasileños en servir como conejillos de indias para la vacuna de la Covid-19 en pruebas, muchos le reprocharon la acción. Le recriminaron poner su salud en peligro, y no pensar en su hijo.

En cambio, él solo le ve ventajas. “No paré de trabajar. Soy coordinador de cirugía robótica en la mayor red de hospitales de Brasil, y estoy entrando en centros quirúrgicos y hospitales. Si he recibido la vacuna correcta, ya estoy inmunizado”.

Al 50% de los voluntarios se les ha inyectado la vacuna de coronavirus en pruebas, y a la otra mitad la vacuna ‘Meningo ACWY’ contra la meningitis y sin ningún efecto contra la Covid-19. Pero ellos no lo sabrán. Harán su vida normal, en muchos casos con gran exposición al contagio, por eso han sido seleccionados. Algunos de ellos se contagiarán, y los investigadores verán si la proporción de infectados en uno y otro grupo les da la razón y están ante una vacuna efectiva.

Heder es voluntario de las pruebas de la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford y adquirida por la farmacéutica ‘Astrazeneca’”. Fue una de las primeras en llegar a la prometedora fase 3. En este momento solo hay cinco vacunas en ese estadio. Él no notó absolutamente nada el día que recibió la inyección.

Verónica Hühne sí que tuvo dolor de cuerpo la noche después de ser inyectada, pero lo asume como algo normal. Su experiencia como doctora e investigadora ya le hacía esperar esa reacción habitual después de vacunarse. Su familia la apoyó. “Si nadie lo hace, la vacuna no sale, así que tenemos que ayudar. Yo estoy del otro lado, del lado de la investigación y sé cuánto necesitamos a los voluntarios, así que ahora me toca a mí participar”.

En este momento, de las 5 vacunas en fase 3, dos de ellas están en pruebas en Brasil. Ricardo Palacios, director médico del Instituto Butantán que colabora con el laboratorio chino Sinovac, nos explica por qué: “Brasil tiene en estos momentos una gran circulación del virus y eso le hace el terreno ideal para las pruebas de las vacunas, porque habrá efectivamente contagio entre aquellos que hayan sido inyectados con el placebo sin efectos contra el coronavirus”.

Los escogidos para participar en las pruebas son personal médico de la línea frente o personas con gran exposición al virus. Efectivamente, Brasil es el segundo país del mundo donde se han registrado más casos de Covid-19 y también muertes, cerca de noventa mil. El país ha vivido con perplejidad como su presidente, Jair Bolsonaro, negaba la gravedad de la enfermedad y la pertinencia de las medidas de aislamiento social. Para él, gran parte de la población debía contraer coronavirus y la mayoría no tendrían síntomas graves.

Sobre aquellos que presentaron gravedad o los que murieron, Bolsonaro comentó en varias ocasiones que “así es la vida”. En cambio, los brasileños tenían que acatar en la mayor parte de los casos las medidas de alcaldes y gobernadores que imponían cuarentenas en sus territorios. Una situación confusa y caótica en la que un ministro de Salud dimitió y otro fue despedido que ha llevado a Brasil al punto de mira de Organización Mundial de la Salud como epicentro de la pandemia.

Sin embargo, hay motivos para la alegría en Brasil. La primera es el altísimo número de candidatos que se han presentado para probar las vacunas y que está asegurando una rápida evolución de las investigaciones. La otra es la capacidad de producción de vacunas del país. Lo confirma Maurício Zuma, el director del Instituto Bio-Manguinhos de la Fundación Oswaldo Cruz de Río de Janeiro que ya está preparado para producir 40 millones de dosis de la vacuna de la Universidad de Oxford al mes a partir de diciembre.

“Quitando laboratorios pequeños en Cuba y en México, no hay centros de producción de vacunas a gran escala en Latinoamérica”. Y es que una cosa es descubrir una vacuna contra el coronavirus y otra asegurar la producción suficiente de la misma para inmunizar rápidamente a la población. En el Instituto Bio-Manguinhos van a trabajar en dos turnos de 12 horas y prevén producir 18.000 vacunas por hora.

Esas vacunas, y las de la farmacéutica china Sinovac junto con el Instituto Butantán se distribuirán gratuitamente entre los brasileños si finalmente el proceso llega a buen puerto. Ricardo Lagos, del Butantán y origen colombiano, intenta revertir la mala imagen de Brasil en el mundo aclarando que el desarrollo de la vacuna es una buena noticia para los países de la región y que la institución “será solidaria y responsable compartiendo sus avances para los países de Latinoamérica”.

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