La violencia vuelve a marcar la campaña de las elecciones vascas



Adrián MateosSEGUIRBilbao
Actualizado:30/06/2020 02:56h
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La izquierda radical señala y sus adeptos actúan. La imagen de la diputada Rocío de Meer sangrando tras recibir una pedrada en Sestao (Vizcaya) es quizá la que mejor represente hasta dónde son capaces de llegar los violentos para imponerse en el País Vasco. Sin embargo, no hizo más que añadir un nuevo capítulo a la campaña de hostigamiento que vienen padeciendo en los últimos meses políticos y partidos que no comulgan con los preceptos de los batasunos y los antisitema. A menudo, son los propios damnificados los que se llevan el sambenito de «ir» al País Vasco a «provocar». A Santiago Abascal, que es vasco. Y aunque no lo fuera.

De Meer fue quien salió peor parada, pero ni con el hilo de sangre cortando su ceja la creyeron. «Un poco de ketchup», alegó el portavoz de Podemos, Pablo Echenique, defensor de los violentos. Vox recibió en Sestao una lluvia de piedras y botellas de cristal el pasado jueves mientras trataban de celebrar su mitin en una plaza rodeada por varios cientos de radicales. La escena era similar a la que aconteció apenas una semana antes en el barrio bilbaíno de San Francisco, donde los violentos increparon y persiguieron a los asistentes de otro acto de Vox, entre ellos a su secretario general, Javier Ortega Smith.

Los mitines de la formación que preside Santiago Abascal son a menudo declarados de alto riesgo por las autoridades, especialmente cuando intervienen en ellos dirigentes de la formación nacional. Las concentraciones de protesta se convocan a través de las redes sociales, y generalmente son promovidas por asociaciones que se autoproclaman «antifascistas». No existe un perfil definido de este tipo de individuos: hay quienes proceden del nacionalismo radical, hay también quienes están vinculados a otros movimientos antisistema o anarquistas.

«Se creen impunes»

Vox es sin lugar a dudas uno de sus objetivos predilectos, pero tampoco se libran de su acoso los demás partidos no nacionalistas. Ejemplos hay de todos los colores. Por su gravedad, cabe destacar el esperpento que tuvo lugar en abril de 2019 en Rentería (Guipúzcoa), donde los violentos dejaron constancia de su odio hacia mandatarios de Ciudadanos como su expresidente Albert Rivera y Maite Pagaza. Recientemente, el Juzgado de Instrucción número 4 de San Sebastián procesó a 23 personas por su participación en aquella violenta protesta, que obligó a los agentes de la Ertzaintza a cargar.

La presión de los radicales sobre los constitucionalistas es persistente, como una lluvia fina que no cesa. Ya no matan, pero los insultos, e incluso las ameanzas son constantes también en los mítines del Partido Popular. Gritos de «Gora ETA» o «Iros a vuestra p… España» pudieron escucharse ayer en el acto que protagonizaron en Bilbao Carlos Iturgaiz, candidato de PP+Cs a lendakari; y el alcalde de Badalona, Xavier García Albiol. «Gente envalentonada que se cree impune y que el País Vasco es suyo», lamentan los populares.

Desde el Departamento de Seguridad autonómico reconocen cierta preocupación en una campaña electoral que se las prometía pacífica, sobre todo por las restricciones a las que obliga el Covid-19 y que limitan los actos exteriores. Sin embargo, se teme que el acoso en los mítines, sobre todo de Vox, sea una constante. La Ertzaintza monitoriza las redes sociales y reforzará la seguridad de cuando se detecten riesgos.

Lo cierto es que el hostigamiento a ciertos partidos se ha llevado a cabo sin que se produzca en la Comunidad Autónoma vasca una respuesta unánime de condena. Tampoco desde el PNV, partido que regenta el Gobierno junto al PSE. Su presidente, Andoni Ortuzar, llegó a acusar a Albert Rivera de ir a «montar el lío» a Miravalles (Vizcaya), el municipio natal del etarra Josu Ternera, donde fue también recibido por decenas de personas que trataron de boicotear el acto de Cs.

Iñigo Urkullu deslizó la semana pasada que los acontecimientos de Sestao no eran culpa únicamente de quienes protestaban. El lendakari condenó el ataque del que fue víctima Rocío de Meer, pero lo achacó a una «dinámica de retroalimentación sospechosa». Ya el domingo, redirigió a Bildu, formación a la que acusó de usar dos «varas de medir» a la hora de condenar o «jalear» la violencia en función de quién sea la víctima. Los batasunos insisten en que Vox fue al País Vasco «a provocar», y exigieron a la Ertzaintza que impida la celebración de lo que consideran «manifestaciones fascistas». «No se puede mantener la equidistancia», dijo la candidata de la coalición, Maddalen Iriarte, que incitió a los radicales a «combatir» al partido de Abascal.

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