sólo es un ‘arma de segunda’ para luchar contra el coronavirus




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El bioquímico Kary Mullis (1944-2019) conducía desde Emeryville, donde trabajaba como químico en la empresa Cetus Corporation, a su cabaña de fin de semana en Mendocino (California) cuando se le ocurrió la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) —un método que permite obtener miles de copias de un ADN y que hoy se emplea en todos los laboratorios de biología molecular-. En 1993, recibió por ello el Nobel de Química y ahora, 27 años después, el nombre de su criatura suena en todos los medios de comunicación.

El análisis por PCR, que trabaja con el ARN escondido en los genes de todos los seres vivos, permite extraer éste de la cubierta de un virus, amplificarlo y poder así confirmar su presencia en muestras humanas y es, a día de hoy, la mejor arma de la que dispone la medicina para detectar quién ha sido infectado por el nuevo coronavirus Sars CoV-2. 

Así, la ecuación parece muy fácil: ante una pandemia como la que estamos sufriendo bastaría realizar este análisis a toda la población para saber exactamente quién tiene el virus y aislarlo tanto a él como a sus contactos. Es lo que han hecho -si no con todo el mundo, con un porcentaje alto de sus habitantes- las autoridades sanitarias de Corea del Sur, el país que se pone como ejemplo en el manejo de esta epidemia que se ha convertido en pandemia.

Un test complejo

Pero, como explica a EL ESPAÑOL una médica de laboratorio de un hospital español, que prefiere no dar su nombre, no basta con tomar muestras a todo el mundo. Se trata de un test complejo, desde el mismo momento de la extracción de la muestra humana -para lo que se tiene que meter un isopo que llegue desde la nariz o la boca a la faringe-hasta su análisis que dará el negativo o positivo que esperan los que lo analizan. El proceso, según esta misma fuente, se lleva actualmente en tres salas distintas y no todos los hospitales disponen de esas instalaciones, sino los laboratorios de referencia que se han ido multiplicando estos días en los hospitales españoles.

Debido al alto número de casos sospechosos, muchos países -azuzados por la Organización Mundial de la Salud que, desde hace dos semanas insiste en la importancia de testar a todos los sospechosos de padecer COVID-19- optaron por utilizar los llamados test rápidos, que se basan en la detección de IgM, los anticuerpos que desarrolla el organismo en la primera fase de la infección. 

Según explican a este diario desde Roche Diagnostics -fabricantes de test PCR y no de estos últimos-, en el caso de los rápidos la muestra se mete en una tira reactiva con un líquido que hace que se detecten los anticuerpos y salgan en la tira unas banditas, como las de los test de embarazo. 

Sólo los positivos son seguros

“Son menos específicos y menos sensibles”, decía la misma fuente, días antes de que este jueves saltaran las alarmas, tras desvelarse que una partida de 9.000 test que se estaba validando en Madrid -en el ISCIII y en un hospital- había salido defectuosa y había indicado una sensibilidad inferior al 30% y que la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología (SEIMC) pedía en un documento que no se usaran en la práctica clínica, algo que, de hecho, se ha cumplido.

De opinión parecida es el microbiólogo de la Clínica Universidad de Navarra Gabriel Reina, que explica a EL ESPAÑOL: “Esos test tienen una sensibilidad muy alta, lo que quiere decir que cuando detectas un positivo es seguro, pero su sensibilidad es muy baja en las primeras pruebas que se han hecho y va a haber falsos negativos”. 

El experto defiende el uso de estos test rápidos en otras enfermedades, como la gripe. “Son muy útiles, te dan la respuesta en 15 minutos”. Pero no tanto para la detección del Sars CoV-2. “Ya sabíamos que iban a ser menos sensibles, pero pensábamos que íbamos a estar en torno al 80%”, comenta. 

Falta de evidencia científica

La médico de laboratorio antes citada señala que esto es así por lo rápido que se ha expandido la infección y que se han desarrollado y comercializado los test. “Todavía no sabemos bien ni los anticuerpos que se producen, ni cuándo; trabajamos aún con falta de evidencia, no se pueden pedir peras al olmo”. Cree que los test que se están comercializando no disponen de toda la evidencia científica. “Tengo para probar hasta 20 distintos, de diferentes casas comerciales, y todo ellos se han probado en series muy cortas de pacientes”. Coincide con Reina en que la sensibilidad esperable en este tipo de pruebas es del 80%, lo que obviamente no ha sucedido con los test defectuosos, pero sí podría pasar con otros que ya se están validando. 

De estos otros habla también en su documento la SEIMC. Serían, por ejemplo, los que requieren lectura fluorescente -los primeros se basa en la detección de oro coloidal- que, como destaca Reina, se utilizan actualmente para la gripe o el neumococo, entre otros organismos. 

Para la otra especialista, que trabaja en el laboratorio de un hospital con más de 100 camas y acreditación para la docencia, la razón por la que en un principio se optó por la prueba más compleja, es porque el antígeno del nuevo coronavirus es parecido a otros de su especie y, por lo tanto, se daba por supuesto que los test rápidos iban a ser menos sensibles. 

Esto, como recuerda Reina, no es la primera vez que ocurre. “Nos pasó con la gripe A de 2009, el test rápido era muchos menos específico para el virus H1N1 que para el de la gripe estacional de aquel momento”, señala. 

Sin embargo, el especialista de la CUN cree que, aunque la especificidad de los test por llegar -o con los que va a sustituir la empresa fabricante de los  primeros 9.000 defectuosos- sea baja, pueden tener un sentido en el contexto actual. “Puede tener su utilidad en un momento epidémico, porque se puede descargar un poco a los laboratorios de PCR, ya que si dan positivo te puedes creer el resultado y, si no, tendrías que mandar la prueba a laboratorio, pero algunos te quitarías”, apunta. 

Sin embargo, también tiene la esperanza de que mejore la sensibilidad en el resto de test. “Que llegue por lo menos al 70%”, comenta. 

Algo importante que hay que destacar es que la introducción de los test rápidos -esperemos que con más fortuna que estos primeros- en ningún caso sustituirá a las PCR, como resaltan desde Roche Diagnostics. “Las PCR te pueden decir la carga viral, te pueden dar información útil que no ofrecen los rápidos”, destacan. 

Buenas noticias

Además, hay buenas noticias en camino. En el casos de los test rápidos ya se están probando -al menos en el laboratorio de la CUN y seguro que en otros más- las llamadas pruebas de detección de anticuerpos IgM e IgG en sangre  en formato de inmunocromatografía, que tiene una muy buena sensibilidad -de alrededor del 90%- pero que sólo se pueden hacer a personas que lleven al menos diez días desde el inicio de los síntomas. 

Estos también podrían descargar a los laboratorios, pero sólo en casos muy avanzados, y tendrían también otra utilidad, si se confirma lo que muchos expertos sospechan, que el virus sea estacional y vuelva en otoño en una segunda ola. “En ese caso estas pruebas podrían servir para saber quién está inmunizado, aunque todavía no sabemos si haber estado expuesto al virus sirve para inmunizarse; si eso fuera así, se podría poner en primera línea a los que ya lo han pasado, algo que detectarían este tipo de test”, comenta la médica de laboratorio. 

Sin embargo y a pesar de la necesaria introducción en estos tiempos de pandemia de los test rápidos, también se están cociendo novedades en los de PCR, con el objetivo de poder llevarlos a cabo en menos tiempo y, sobre todo, de forma más sencilla. La FDA, el organismo que regula fármacos y alimentos en EEUU, acaba de aprobar un test de la compañía Cepheid que es “una PCR con bastantes menos requerimientos” y que, además, da resultados según la empresa en sólo 45 minutos. 

También la empresa bioMérieux, ha lanzado un sistema basado en su tecnología Biofire FilmArray, que podrá proporcionar resultados en aproximadamente una hora y que es “muy sencilla de montar”.

Otras mejoras vienen en el campo del número de PCR que se pueden hacer a la vez. Los sistemas automatizados de Roche que también acaba de autorizar la FDA, proporcionan resultados en tres horas y media y ofrecen una mayor eficiencia operativa, flexibilidad y rapidez con el mayor rendimiento, realizando hasta 96 determinaciones en unas tres horas y un total de 1.440 en 24 horas.

Así, por echar un vistazo algo halagüeño al futuro que nos viene, las cosas pueden mejorar en, al menos, tres frentes. El primero, con la llegada de más test rápidos -España ha comprado a China cinco millones y medio-, el segundo, con la idea de que esos test rápidos y otros que compre Sanidad o las comunidades autónomas -siempre homologados como han hecho hasta ahora- mejoren su sensibilidad y, por último, con la introducción de nuevas formas de PCR más fáciles de utilizar y más rápidas en dar sus resultados. Visto lo visto, es difícil que las cosas -al menos en este campo- no vayan a mejorar. 

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