“Llevo 4 días sin ducharme”




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Sin comida, sin baño, evitando robos… Los camioneros han alzado la voz para reclamar mejores condiciones. Sin hablar de salarios o de pagas extras. Ellos saben que son básicos, que España los necesita para proveer a los supermercados y tiendas de alimentación ante la crisis del coronavirus. Pero quieren unas condiciones mínimas. Son el segundo eslabón de la cadena –tras los agricultores– y no pueden caer. Son esenciales. Por eso, piden que les habiliten zonas donde puedan descansar, tomar un café, un plato caliente o, simplemente, les dejen ir al baño.

Pero también quieren mascarillas y guantes. El Gobierno les prometió que repartiría cuatro millones. Sin embargo, de momento, no han visto ninguna, según reconocen desde Uno logística. Como tampoco saben de los hoteles a los que el Ejecutivo les ha obligado a abrir. “Están todos dentro de las ciudades. Nosotros no podemos pasar hasta allí con nuestros camiones”, se quejan todos. Quieren, por tanto, que les protejan en las áreas de servicio y que les permitan comer y ducharse. No parece, desde luego, mucho. En EL ESPAÑOL hablamos con seis de ellos, que nos cuentan sus problemas en la carretera.

Miguel, sin ducharse

Miguel Ángel López, (Lebrija, Sevilla, 1968) lleva 31 años subido al camión –27 de ellos, haciendo rutas internacionales. Cuando habla con EL ESPAÑOL conduce hacia su casa. “He cambiado la ruta. Esto no puede ser. Salí el lunes de casa y no me he podido duchar en ningún sitio”, explica, enfadado, tras descargar en Galicia, pasar por Madrid y de camino a Algeciras.

Miguel lleva con una mascarilla 15 días. No ha podido ducharse esta semana.

Su situación es más grave que la de muchos de sus compañeros. “Yo no sé lo que es comprar mascarillas, llevo con una 15 días”, reconoce. Se las ha pedido a las autoridades, las ha intentado comprar en tiendas… Pero nada. “Yo no quiero que me los regalen, eh. Sólo quiero comprarlas”, prosigue. Ante esta situación, le dan ganas de parar. Pero, al final, acaba volviendo a subir al camión.

— Vaya panorama, ¿no?

— Es desolador. Estás trabajando y no te puedes tomar ni un café. Suerte que hay bares, que son como ángeles, donde te puedes parar a comer o que ofrecen platos calientes gratis para nosotros. Pero son muy pocos. Si te pillan en tu ruta, bien; si no, no tienes donde ducharte, donde pasar al baño… Nada.

— ¿Ni para hacer sus necesidades tienen?

— Vas al campo y te las apañas. En las gasolineras no puedes pasar porque pagas por la ventanilla y no puedes pasar por dentro a los baños… Y luego las medidas de seguridad no son las adecuadas. No te puedes quedar tranquilo en ningún sitio a dormir.

Robos a Francisco

Francisco Avilés (Murcia, 1959) es autónomo, lleva 33 años subido al camión y, a sus 61 años, no se plantea bajarse. Ni siquiera ante esta situación. “Yo no puedo dejar que la gente se muera de hambre. Moralmente, no puedo. Es como si estuviéramos en guerra”, réplica, aunque le den ganas de dejarlo por la situación que se encuentra. “En Francia me robaron 150 litros de gasoil en un área de servicio y me rompieron el tapón”, lamenta.

A Francisco Avilés le robaron en un área de servicio francesa.

Él se dedica al transporte nacional e internacional de frutas y hortalizas de Murcia. Por eso, porque está comprometido con su sector y con ayudar, sigue sumando kilómetros en su ya extensa carrera como conductor de camiones. “El gobierno nos dejó de la mano de dios”, critica. “No tenemos donde ducharnos, donde comer caliente o hacer nuestras necesidades… Yo las hago en una bolsa de plástico”, se queja, enfadado.

Francisco está indignado. No entiende cómo los están dejando a su suerte, ni siquiera dejándolos entrar en los baños de las gasolineras. Pero, sobre todo, no ofreciéndoles protección de ningún tipo. “Se comprometieron a darnos mascarillas y todavía no hemos visto ni una”, prosigue.

— Pero hay más cosas que le indignan

— Es increíble que a nosotros no nos hagan unos test rápidos. Vamos a un montón de sitios y volvemos a nuestra casa. Saben que se lo podemos transmitir a nuestras mujeres, pero les da igual. Al final, no me va a quedar otra que dormir en el camión para proteger a mis familiares.

— ¿Qué le pide al Gobierno?

— Que habiliten zonas de máxima seguridad donde podamos dormir tranquilos sin necesidad de creer que nos van a robar. Sitios higiénicos, donde nos permitan lavarnos y hacer nuestras necesidades y que tengamos la certeza de que no nos van a robar.

— ¿Pero los problemas no son sólo a nivel nacional?

— No, cuando sales fuera, tienes otros. En Irún, por ejemplo, hay siempre retenciones. El problema es que cada país, en estas circunstancias, ha regulado su transporte. Y en España, por ejemplo, puedes conducir más horas mientras mantengas tu tiempo de descanso, pero en Francia, no. Y te tienes que parar. Y, claro, si no tienes dónde…

Esto ha hecho que muchos camioneros se “hayan dado de baja psicológica” –según el propio Francisco. Él, de momento, sigue. Siente que es su deber, que tiene que hacerlo por el bien de la sociedad y para sacar a España de esta situación. “Que es muy grave, eh”, finaliza.

Mapa de los pasos fronterizos para camiones.


José lleva bocadillo

José Carlos (1985, Ponferrada), esta semana, ha tenido que coger dos veces el camión. El lunes fue a Madrid y el martes, a Valladolid. Con un bocadillo –“por si acaso”–, ropa para dormir –“también por si acaso”– y un plan: ir y volver en el día. La normativa se lo permite –porque el Gobierno le deja hacer más horas siempre que respeten el tiempo de descanso– y él lo aprovecha para no tener que quedarse fuera de casa ante la dificultad para comer o buscar un alojamiento.

“No puedes ni tomarte un café. Me paré en una gasolinera, me dijeron que no tenían y listo”, reconoce. Él, como la mayoría de los camioneros, se encuentra estos días con muchas complicaciones para hacer lo básico: ir al baño, comer o ducharse. “Es cierto que hay un mapa de alojamientos por donde se puede pasar, pero esos no nos valen porque están dentro de las ciudades. ¿Qué quieren que haga, meterme en El Paseo de la Castellana con el camión? Es que no se puede. Esos hoteles están pensados para otro tipo de personal que tenga que viajar por cualquier circunstancia, como los sanitarios”, se queja.

José Carlos, delante de su camión.

Y él, dentro de su gremio, tiene suerte. Lleva guantes y mascarillas, y no tiene que ver o tocar prácticamente a nadie. Llega, descarga y se vuelve a su casa. Respetando, obviamente, las horas de descanso. Pero, en general, en buenas condiciones. “No le tengo miedo al coronavirus. Hay que mantener las medidas de seguridad, eso sí”, reconoce.

— ¿Qué le pide al Gobierno?

— Que haya unos puntos claros en los grandes ejes que estén abiertos por decreto. No todos los camioneros pueden ir y venir a dormir a su casa. A veces, necesitas quedarte fuera. ¿Y si tienes un camión como el mío que no tiene cama y no hay un sitio donde quedarse? ¿Qué haces? Por eso, pedimos que existan estos puntos y que en algunos de ellos nos podamos quedar a dormir.

Antonio, con miedo a tocar

Antonio Villaverde, presidente de ATA (Asociación de Transportistas Autónomos), no ha salido esta semana de viaje, pero sí lo hizo la anterior para llevar filtros a Barcelona para una central de residuos. “La situación ha ido a mejor, pero no es buena”, reconoce. “Han habilitado hoteles dentro de las ciudades, pero nosotros necesitamos que estén dentro de la red de carreteras”, explica.

Él, en su viaje, no tuvo excesivos problemas, pero sabe que sus compañeros lo están pasando mal. “Estamos saliendo todos con comida por si acaso, pero el mayor problema es cuando quieres ir al baño y no sabes dónde. A veces, te paras en las gasolineras y no te dejan”, lamenta. “Ahora, tienes que recurrir a los centros de descarga para hacer lo básico. Pero allí te pueden tratar bien… o mal. En ese caso, te toca ir al campo a…(no hace falta añadir el qué)”, prosigue.

Antonio Villaverde se lleva comida “por si acaso”

— Bueno, cuando sales de casa y no sabes quién ha tocado las puertas que tú has tocado… Pues sí. También nos gustaría que cuando descargamos hubiera unos protocolos que nos favorecieran: que no tuviéramos que tocar la mercancía –eso lo tienes que hacer y no te queda alternativa–, que no tuvieras que estar en contacto con gente aunque lleves guantes…

— ¿Se sienten valorados?

— Nunca nos han valorado. Yo entiendo que se mencione a los sanitarios –obviamente– y a las cajeras de los supermercados, que se están jugando la salud. Eso lo reconoce todo el mundo. Y yo también, eh. Pero que se hable también de nosotros. Hasta hace poco, el presidente del Gobierno los nombraba a todos y a nosotros, no. Y también nos la estamos jugando. Somos un sector muy importante en estos tiempos.

Sin embargo, Antonio seguirá haciendo su trabajo mientras le dejen. “El otro día, por ejemplo, tuve que comerme una ensalada de esas que ya vienen preparadas porque no había otra cosa…”, prosigue. Y lamenta que muchos compañeros no tengan dónde dormir, ir al baño por la mañana, o que no puedan asearse y tomar un café caliente.

Al fin y al cabo, sabe que a él, posiblemente, en un próximo viaje le puede ocurrir. De momento, trata de mantener todas las medidas de seguridad oportunas para seguir cumpliendo con un trabajo que es necesario para mantener el país a flote durante esta situación. “Cuando llego a casa, me desnudo, echo todo a lavar y me ducho…”.

La reclamación de Óscar

Óscar Baños (Guardo, Palencia, 1973) lleva 22 años subido al camión y jamás se había enfrentado a una situación como esta: sin coches por la carretera, sin restaurantes donde comer… “La primera semana fue horrorosa: gente discutiendo, compañeros poniendo reclamaciones… La sensación fue muy desagradable”, se queja.

Él, la semana pasada, se recorrió buena parte de la geografía española pasó por Palencia, por Málaga, por Cáceres, por Santander, por Salamanca… Y transportando de todo, desde caucho hasta alimentos. “Tuve compañeros llamaron a la Guardia Civil para que les abriesen un baño en una gasolinera. Yo, incluso, puse una reclamación”, lamenta.

Óscar Baños puso una queja por no poder pasar a un baño.

— Salen a la aventura, ¿no?

— La situación ha cambiado un poco con respecto a la semana pasada. El ministerio dio una orden de que los aseos públicos estuviesen abiertos. ¡Y menos mal! Pero luego, los restaurantes que abren son privados. Hay que agradecérselo. Pero nos vamos informando los propios compañeros. Los hoteles que ha pasado el ministerio están dentro de las ciudades y ahí no podemos acceder.

— ¿Llevan protección?

— Estamos muy escasos de mascarillas. Nos prometieron cuatro millones y no han llegado. Entiendo que en los hospitales son necesarias, pero si nos pueden desviar algunas… Nosotros no podemos caer. No somos héroes como los sanitarios, pero garantizamos que haya un suministro imprescindible.

Cafés más caros a Manuel

Manuel Elena (Lebrija, 1976) ha estado transportando zanahoria desde Valladolid para abastecer a las tiendas de alimentación –aunque también lleva cereales, patatas o espinacas. Y, antes de hacer la ruta, como el resto de sus compañeros, se la tuvo que preparar. “Es que llegas a algunas gasolineras que están cerradas a cal y canto”, reconoce. Y pasa lo mismo con los restaurantes. “Algunos, incluso, suben el precio del café aprovechando las circunstancias”, se queja.

Manuel cree que hay sitios donde se aprovechan de la situación.

Él también tiene miedo a dormir en un área de servicio en esta situación. “Normalmente, tienes otros camiones o hay vigilancia… El temor siempre está ahí, pero ahora, aún más. Conducen por una carretera sin coches y llegan a zonas donde no ven a nadie. Y su sensación es la de todos: conducir por un entorno apocalítico.

— ¿Cómo se siente?

— Desamparado y muy raro. Estás acostumbrado a ver gente, a tomar un café tranquilo… Ahora te las tienes que apañar. Llevamos comida en la cabina y lo hacemos todo allí. Está todo cerrado.

Aunque él, al menos, sí tiene mascarillas. “En nuestra cooperativa nos han facilitado mascarillas y guantes. Yo llevo también el gel e intento no bajarme del camión”. Como sus compañeros, está muy concienciado y sabe lo que hay que hacer en esta situación, pero vive intranquilo, como casi todos. No es para menos.

[Más información: El mapa con los 371 bares y hoteles de carretera que siguen abiertos]

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