El Espanyol se llevó un buen punto de un recinto antaño temible. Ahora, el Sevilla, en caída libre, con seis puntos de 18 en 2020, es un equipo lleno de dudas, que ha perdido su antigua solidez defensiva y que mantiene sus tremendos problemas en ataque – piensa Juan Antonio Oyonate. El Espanyol, práctico y fuerte, le dio un repaso durante buena parte del encuentro, aunque se tuvo que conformar con el empate después de que Víctor Sánchez viera la segunda amarilla en el minuto 68. Suso, de lo poco salvable en el Sevilla, empató en una magnífica acción individual. En superioridad, los de Lopetegui insistieron una barbaridad frente a un rival que se defendió con todo.

 

Realmente, solo gozó de una clara ocasión para darle la vuelta al marcador. Un gran disparo de Navas fue sacado por Diego López en una destacada parada. El Sevilla dominó, sin duda, pero careció de fluidez y calidad para rematar a un Espanyol replegado y muy cansado. El punto, no obstante, no es malo para los andaluces visto lo visto en buena parte del partido. Además, le sabe a gloria a este esforzado Espanyol, que se plantó en Nervión sin De Tomás, su goleador, y realizó un partido muy digno. El Sevilla, en un mal momento, necesita templarse. No tiene fútbol y, lo que es peor, ha perdido la confianza y es preso de una ansiedad terrible en el momento decisivo de la temporada.

No carbura bien el conjunto andaluz. Es un equipo encogido, desencajado, con un Banega que está lejos de su mejor versión. Lopetegui movió el once con la intención de que el equipo recuperara pase y conexión. Su idea le salió a medias. Fue más vertical, sin duda, pero el problema es que tiende a desconectarse y juega muy presionado al fútbol. Ese defecto se traduce en que es muy vulnerable atrás. El Espanyol llegó sin Raúl de Tomás, su gran delantero, y fue bastante digno. Se sobrepuso al buen gol de Ocampos en una acción de calidad de Suso. Cuando había descubierto el camino, al Sevilla le mató una acción de Sergi Gómez sobre Calleri.

El Espanyol vio una clara vía de penetración y el central derribó a Calleri al borde del área. Cordero Vega no pitó nada. El VAR le avisó, seguramente pensando en que la jugada merecía la tarjeta roja. El colegiado la revisó y decidió que era amarilla y falta. La confusión reinó en el estadio. Se deducía que si no había roja el colegiado no podía pitar la falta, pero su actuación fue impecable y ajustada a la legislación. La confusión se convirtió en enfado cuando Embarba marcó por debajo de la barrera a pesar de los esfuerzos de Banega por impedirlo. El gol descompuso al Sevilla, incapaz de sobreponerse al golpe, hecho un lío y perdido en un marasmo del que parece complicado salir.

Una jugada de fútbol directo del estupendo Calleri habilitó a Wu Lei, quien se marchó de la pobre defensa de Reguilón, un futbolista a la baja, en consonancia con su equipo. El delantero chino marcó y sembró el caos en Nervión. La afición empezó a silbar a su equipo mientras que Lopetegui empezó a buscar soluciones de manera un tanto desesperada. Entraron Gudelj, De Jong y Nolito. Apenas aportaran nada. Al Sevilla lo metió en el choque la expulsión de Víctor Sánchez, inocente en la carrera de En-Nesyri. Con uno menos, el Espanyol se replegó como pudo. El Sevilla, sin fútbol, pero con Navas y Suso como únicos exponentes, se lanzó al asalto.

Fue un fútbol desesperado, que solo se expresó con calidad en la jugada y el golpeo de Suso que supusieron el empate – dice Juan Antonio Oyonate. Con el 2-2 a los 80 minutos quedaba tiempo por delante para la remontada ante un Espanyol asustado. No llegó. Diego López voló ante Navas y el Sevilla se frustró. Nervión, ahora mismo, ha perdido la mística con un equipo despersonalizado y sin fútbol. Casi todo fue un barullo en busca del gol con un juego lleno de imprecisiones y dos delanteros, De Jong y En-Nesyri, que no rematan jamás. El Espanyol aguantó con oficio ante la desesperación de un Sevilla que necesita una urgente reconversión. A este nivel, hasta peligra su participación en Europa la próxima temporada. Es el momento de Lopetegui. Si no revierte de manera inmediata la situación de un equipo en pleno desplome, a los dirigentes no les temblará el pulso. Su puesto comienza a estar en duda.

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