«No es es solo sexo, muchas veces basta con caricias y cariño»



Érika MontañésSEGUIRElena CalvoSEGUIR
Actualizado:14/02/2020 21:56h
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Cuando tenía ocho años, a Antonio Castillejo le diagnosticaron una enfermedad degenerativa muscular que, durante la adolescencia, le dejó en silla de ruedas, lo que le hizo encerrarse en sí mismo. Al llegar a la mayoría de edad, y ante la imposibilidad de sociabilizar y, entre otras cosas, relacionarse con mujeres, sus deseos sexuales le llevaron a recurrir a la prostitución. Hace seis años, la cosa cambió: descubrió el mundo de la asistencia sexual para personas con discapacidad, donde encontró una «intimidad, afecto y confianza» que, hasta ese momento, no había conocido.

En Francia, se ha iniciado recientemente un proceso consultivo para regular la figura del asistente sexual, es decir, aquellas personas que acompañan a otras con algún tipo de diversidad funcional para que puedan ser sexualmente activas. No sin cierta polémica, pues algunos sectores lo consideran un tipo de prostitución. En España, la asistencia sexual -o acompañamiento íntimo- se mueve en un marco alegal, con ONG y entidades, como la pionera en Cataluña Tandem Team o Aspasia en Canarias que, subvencionadas por sus respectivos ejecutivos regionales, procuran la cita entre un acompañante y una persona con discapacidad.

Ganar autoestima

En Tandem Team fue donde Antonio, este joven de Badalona, encontró el afecto que reclamaba. «Gracias a esto, dejé de recurrir a la prostitución», señala Castillejo que, al mismo tiempo, reconoce cómo esta asistencia sexual ayudó en su autoestima, generándole confianza en sí mismo y ganas de vivir, además de ayudarle a superar los obstáculos que le habían impedido relacionarse con los demás y formar un círculo social con anterioridad. Su implicación emocional fue tal que llegó a mantener una relación sentimental con una de las asistentes de la entidad.

Los mismos problemas de autoestima tenía M.L.M. —una mujer de 43 años con parálisis celebral que prefiere no revelar su nombre— hasta que dio con Tandem Team, donde, a través de este acompañamiento íntimo, aprendió «que era una mujer como las demás, sentía y podía gustar». Los encuentros, dice a ABC, se basan en la confianza, una relación entre iguales, donde se habla y se pacta lo que ocurrirá. «No tiene que haber penetración. Eso depende de cada uno. Muchas veces basta con caricias y cariño para crear esa sensación de intimidad», explica.

Cariño y empatía

Las organizaciones que facilitan esta asistencia sexual promueven «la caricia, la sensibilidad, la ternura, el cariño y la empatía», algo de lo que nadie debería prescindir, aprecia María Clemente, psicóloga especialista en neurorehabilitación, que tuvo una pareja con discapacidad. Francesc Granja, terapeuta emocional en Tandem Team y tetrapléjico desde que sufrió un accidente de tráfico a los 32 años, se coaligó con ella para la fundación en 2014 de esta asociación sin ánimo de lucro, que «no recibe un céntimo» de los encuentros», sino que es algo que dejan en manos del asistente y la persona a la que acompaña.

Después de un protocolo de servicios íntimos muy estandarizado en cuatro pasos para determinar la validez de la asistencia, alguien —«que puede ser voluntario o colaborador y no recibir tampoco ninguna contraprestación económica»— queda con la otra persona. «El milagro se produce —dice la psicóloga de la entidad en Barcelona—. La transformación de la persona es brutal, impactante». Recuerda María el caso de un joven con traumatismo craneoencefálico que hace siete años solo buscaba cómo morir, y se ha transformado de 0 a 100. Le ha cambiado hasta el humor, aclara. Ahora busca gustar, se siente atraído y atractivo. No es genitalidad, sino intimidad.

En los acuerdos a los que llegan asistentes sexuales y personas con discapacidad se establecen los límites de los encuentros. Así lo cuenta Sergio López, un terapeuta ocupacional residente en Valencia que, por su inquietud hacia las necesidades de las personas con diversidad funcional, desde hace unos meses se dedica también a ello. En su caso, las barreras están claras: ni besos, ni relaciones amorosas. Tampoco pueden tocarle. «Se crean lazos. Coges cierto cariño, pero hasta cierto límite», explica. «Mi objetivo es la satisfacción sexual, y en muchos casos se puede llegar a ella a través de caricias o comentarios de afecto», relata. Un caso similar al de Elena Torralba, asistente sexual en Madrid, que acompaña a las personas con discapacidad que lo necesitan pero sin sexo, solo a través de caricias, masajes o abrazos: «Les acompaño a que sean ellos con sus propias manos los que puedan encontrar ese placer, tanto con sus propios cuerpos como en encuentros sexuales con otros, moviéndoles para que sientan esa cercanía con la otra persona. Y siempre desde el cariño y la atención».

Contra la regulación

El debate y la controversia, sin embargo, no faltan. Además de quienes consideran que se asemeja a una forma de prostitución, otro de los aspectos que llevan a algunos a oponerse a la regulación de la figura del asistente sexual es el propio nombre. Se propone en algunos casos el de acompañante íntimo, porque en la mayor parte de los casos «es un colectivo que acusa la soledad» y que solo busca esa cercanía fuera de su familia, dicen los terapeutas consultados por este diario. La finalidad es «más compartir que asistir», sintetiza Celmente. Otro de los escollos con los que se encuentran quienes proponen regular esta figura es el reduccionismo mental de negar a una persona con discapacidad su parte emotiva y su sexualidad.

Cuando una persona se expresa, también en su vis sexual, tiene mejor calidad de vida. En opinión de la sexóloga y docente Diana Fernández, «en la medida que se mejora la vivencia erótica y relacional de la persona aumenta su satisfacción vital». «Es un tema que ha sido tabú y que, silenciado, les hace aún más vulnerables», dice Clemente, y coincide María Rebollo, coordinadora en el Colegio de Psicólogos de Madrid del grupo de Discapacidad Intelectual.

«Es una barrera más, la mental, la social. Las arquitectónicas son las que se ven, pero esta es más importante», asume Anxo Queiruga, presidente de Cocemfe (Confederación Española de Personas Con Discapacidad Física y Organica). Queiruga acepta que muchos discapacitados recurren a los servicios de la prostitución, porque si no, nadie quiere tener sexo con ellos. Y no logran realizarse. «Soy partidario de abordar ya el debate del asistente sexual, porque reduciría precisamente el recurso de la prostitución, justo lo que algunos creen que abona», afirma a ABC.

Rebollo cree que «es bueno que la política sea una avanzadilla y promueva el debate social, fundamental para plantearnos cómo se enralizan los derechos de un colectivo a la realidad. La necesidad sexual existe y cómo se da respuesta a esta necesidad (si está disponible el recurso o no) es lo que se debe abordar». Dar autonomía, libertad y autoreconocimiento a una persona nunca puede ser malo; no dar respuesta genera frustración, resume la psicóloga.

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