Gánsteres, narcotráfico y el suceso real que dio origen a «Hache»


De prostituta olvidada por la sociedad a una de las grandes mandamases del narcotráfico en la Barcelona de los años sesenta. Helena (Adriana Ugarte) es la protagonista de «Hache», la nueva serie de Netflix basada en hechos reales, que sumerge al espectador en un mundo de criminales y contrabandistas como Malpica (Javier Rey) a los que trataban de dar caza las incipientes brigadas antidroga, lideradas por el inspector Vinuesa (Eduardo Noriega). «La idea era darle una vuelta al género. Helena es la chica del gánster que no quiere ser solo la chica del gánster», plantea Verónica Fernández, creadora de la serie.

«La historia de “Hache” viene de una noticia que se hablaba del tráfico de heroína. Luciano era un gánster italomericano expulsado de Estados Unidos que en los últimos años de su vida, en los cincuenta, seguía organizando tráfico de drogas desde Europa, donde lo mandaba a Estados Unidos. Leí que usaban varios puertos del Mediterráneo para llenar barcos americanos de droga y uno de esos puertos estaba Marsella pero había también otros en Barcelona. Comienzo a investigar, porque no hay muchos datos sobre esto, y descubro una noticia de ABC que habla de dos italianos relacionados con Luciano a los que los habían detenido en Barcelona porque encontraron unas muñecas en la frontera que estaban rellenas de heroína. Cogimos esa idea, porque yo quería hacer algo de cine negro en televisión, y construimos toda una ficción en base a esos pocos elementos reales», cuenta la guionista, que decidió dejar la dirección de los ocho capítulos en manos de Jorge Torregrosa.

Con una puesta en escena «cruda, descarnada y realista», «Hache» no escatima en sexo ni violencia. «Es todo explícito, yo estaba deseosa de ver época sin tanto tratamiento. Hay que confiar en el espectador, que no necesita que se le den mascadas las historias y es capaz de ver sexo, violencia, crudeza y fealdad sin problema. Esto nos reconcilia con lo oscuro de la vida y desmantela este circo de las redes sociales donde todos somos ultrafelices y maravillosos y top models. La realidad no es así», reivindica Ugarte, satisfecha también con la arriesgada apuesta de hacer un cine negro dominado por la oscuridad que muestre otra cara de Barcelona.

«Es la primera vez que se cuenta la época desde el claroscuro, sin embellecer los cuerpos, ni las caras, hasta los colores están pasados por el gris y la nicotina. Todo está sucio y es crudo y eso me gusta mucho, es liberador. La época siempre se ha tratado de una forma muy dulcificada», plantea Adriana Ugarte, preocupada por no ser «la señorita» que vimos en «La señora» o «El tiempo entre costuras».

Vuelta a la televisión

«Hache» es también la vuelta a la pequeña pantalla de Adriana Ugarte, que hacía más de seis años que no trabajaba en el medio. «”El tiempo entre costuras” fue una experiencia muy bonita, demostró que desde la industria de nuestro país se podían hacer cosas cuidadas y que no toda la calidad es inherente a lo cinematográfico. Fue también un empujón para muchos de nosotros para creer en nuestra fuerza y capacidad de trabajar. A partir de ahí ha habido un florecimiento y la reputación de la televisión ha cambiado, aunque yo nunca la vi como un medio o una plataforma menor. No haber hecho tele en este tiempo no ha sido planeado, es que no se ha dado el proyecto ni el momento, se iban dando por fortuna proyectos en cine que me parecían muy apetecibles», admite la actriz, a quien tampoco le preocupa que haya una saturación de narcoseries. «Hay pocas en relación con las que hay de amor y guerra. Y nadie dice: otra más romántica», concluye.

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