El naufragio de la nueva política



Actualizado:13/10/2019 00:32hOpiniones relacionadas

Decían que venían a cambiarlo todo, pero lo cierto es que el sol sigue saliendo cada mañana. Cinco años después de su irrupción en el tablero político, la presunta nueva política zozobra. Toda la nueva política. Los pioneros, Ciudadanos y el rupturismo, que únicamente han aportado más nubarrones al horizonte. Su adanismo y frivolidad han llevado al país hacia el precipicio. Y también la «otra nueva política», el sanchismo, aquejado de los mismos males, pero dotado de poder. Su irresponsabilidad empujó definitivamente a España al abismo del bloqueo. Unos y otros se ahogan en la parálisis que han provocado. Un experimento fallido que podría empezar a revertirse el 10N. A eso apuntan las encuestas. En el conjunto del territorio nacional, pero particularmente en Galicia.

Los sondeos detectan desde hace tiempo un creciente hartazgo de la sociedad. El público ya no busca emoción en la función pública. Reclama soluciones, no el infecundo juego de tronos en el que estamos atrapados. El tiempo de la pirotecnia política se está acabando. Cinco años después de su irrupción, la nueva política ha fracasado y empieza a vislumbrarse un nuevo escenario político.

Sí, la desafección de los ciudadanos viene de viejo. Pero ahora los estudios demoscópicos demuestran que los ciudadanos atribuyen, cada vez más crecientemente, la responsabilidad del fiasco a las tres versiones de la nueva política: Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias. Y a sus palmeros, franquicias que en Galicia han sido incapaces de desmarcarse del discurso y de la estrategia de sus matrices, por lo que se verán arrastrados también en el hundimiento de sus marcas nacionales.

Si las encuestas aciertan en el diagnóstico —y efectivamente el PSOE fracasa el 10N, el rupturismo salta por los aires y Ciudadanos cae en picado— se habrá certificado la defunción de esa nueva política que arrasó con todo en 2014. Iglesias funda Podemos en marzo de ese año. En mayo Rivera consigue que su partido tenga por primera vez representación en unas elecciones europeas. Y en julio Sánchez gana las primarias y toma el mando del PSOE. Los tres, con la complicidad de sus palmeros, han desarrollado una forma de entender la política que en realidad es muy vieja. Un hiperliderazgo que no consiente la disidencia. La completa sumisión de sus partidos a sus intereses personales. La incoherencia como bandera, con bandazos continuos. Unas elevadas dosis de frivolidad y sectarismo. Y la propensión a pervertir el debate público con un permanente y torticero juego del trile, engañifa tras engañifa. Esa irresponsable forma de entender la política llegó a su techo electoral en Galicia el pasado 28 de abril. Seis meses después, el 10N, podría empezar a cambiar el panorama. Podría empezar a caer la dictadura del postureo y la apariencia.

A tenor de los sondeos, el tablero, en efecto, se está reordenando en dos direcciones. El centroderecha se reunifica y la izquierda se fragmenta todavía más. En este contexto, si se confirman en las urnas los resultados a los que apuntan las encuestas, no resulta descabellado pensar que ya ha comenzado el viaje de regreso al modelo de bipartidismo imperfecto que había estado vigente desde la Transición. Con el BNG aquí en Galicia como apéndice de una izquierda dividida.

Sí, las fuerzas residuales de este sistema de partidos —Ciudadanos a estribor o las distintas facciones del rupturismo a babor— seguirán entrando en el reparto de votos. Su peso será, de hecho, lo que determine el resultado final. Especialmente en la orilla derecha del tablero. En este contexto, con las encuestas en la mano, resulta probable que ni el partido de Rivera ni Vox sumen escaños a su bloque político. Sus papeletas saldrán directamente de las urnas a la papelera electoral. Y es probable que en la izquierda ocurra otro tanto con varias marcas del populismo, sobre todo en las circunscripciones con menor población, como Lugo y Ourense.

El 10N puede, en todo caso, suponer un punto de inflexión. Las encuestas apuntan a ello. La nueva política ha fracasado. Eso es una evidencia. Rivera, Sánchez, Iglesias y sus palmeros han llevado al país al bloqueo y la parálisis. Llevan haciéndolo los últimos cinco años. Ahora parece que pueden empezar a pagar la factura electoral de su irresponsabilidad. El naufragio de la nueva política.

Luis Ojea

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