Un wéstern hasta el corazón de los maquis


Un sabotaje que sale mal mella para siempre al protagonista de «Sordo», un maqui cuyos orígenes están en el popular cómic de David Muñoz y Rayco Pulido. A partir del estruendo de esa primera escena, la dinamita prende en una revisión de la posguerra donde lo de menos es el conflicto y lo de más, la persecución de ese militante cuyos ideales pasan a un segundo plano.

«No es una película sobre la Guerra Civil», advierte el protagonista, Asier Etxeandia, cuando se le cuestiona si el cine español se ha fijado demasiado en el conflicto de 1936. «Se escoge ese momento para contar una historia de personajes al límite, una historia muy emocional y muy trepidante. “Sordo” es un libro del alma, un Quijote, un Hamlet… Alguien que vive un viacrucis y del que vemos hasta qué punto un ser humano puede sufrir en una situación como una guerra», relata el intérprete bilbaíno.

Un conflicto interno que transpira por los poros de sus protagonistas en forma de wéstern. Por haber, hay hasta duelos al amanecer. Una forma de acercarse a la historia del maqui Anselmo que en los cómics se intuía pero que en pantalla ha forzado el director, Alfonso Cortés-Cavanillas, apasionado del género. «Hay mucho cliché en nuestro cine. Nos preguntaban si íbamos a hacer una película de la Guerra Civil, si íbamos a hacer un wéstern… Pues sí, lo ibamos a hacer y lo hicimos», se ratifica el cineasta.

Imanol Arias con tricornio

Además de Asier Etxeandia, el elenco lo completan nombres destacados como Imanol Arias, Marián Álvarez o Hugo Silva, pero sorprende que el director prefiera «ceder el honor» de figurar en el cartel a la productora que dirige, La caña brothers. De hecho, llegaron a plantearse dejar la película sin «firmar».

Sordo

Pero al final alguien tiene que tomar las decisiones, como que Imanol Arias aparezca como un guardia civil que es el único que muestra algo de corazón entre el ejército de enemigos desalmados que dibuja la película. Entre ellos, una brutal Olimpia Melinte como agente secreto enviado a España para acabar con cualquier resto de la disidencia. Un personaje más propio de Tarantino que del cine español. «Es una visión diferente del conflicto. Es realista, pero no tanto. Es una versión más libre, más separada en el tiempo y con personajes universales», sentencia el director sobre su wéstern de posguerra.

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