José M. de Areilza: Sí, primer ministro



SeguirJosé M. de AreilzaActualizado:14/09/2019 02:27hOpiniones relacionadas

En la serie de televisión favorita de Margaret Thatcher, «Sí, Ministro», había una escena que se repetía con frecuencia. Un miembro del gobierno decidía hacer algo descabellado o que entrañaba un gran riesgo para su departamento. Para disuadirlo, sus asesores, altos funcionarios con muchos años de experiencia, le felicitaban por su iniciativa diciendo «es una decisión muy valiente, llena de coraje». El ministro, primero dubitativo y luego aterrado, se echaba para atrás.

Esta táctica no habrá servido de nada con Boris Johnson en sus primeros cincuenta días como primer ministro. Por el contrario, la transgresión continua es un elemento fundamental en una estrategia de choque calcada de Donald Trump y orquestada por el todopoderoso asesor Dominic Cummings. Sin embargo el cúmulo de derrotas y la destrucción del Partido Conservador que ha conseguido Boris en tiempo record, podría inclinarle en los próximos días a desoír a su monje negro y embridar la revolución que ha puesto en marcha.

No siempre es fácil volver a meter la pasta de dientes en el tubo, pero Johnson no se arredra ante ningún obstáculo con tal de seguir siendo primer ministro. En las últimas horas, empieza a prestar más atención a la posibilidad de llegar in extremis a un pacto con la Unión Europea para evitar la salida abrupta. Cuenta con una de las mejores diplomacias del mundo, que aún se siente en casa en los pasillos de Bruselas. Si la deja trabajar y evita declaraciones incendiarias, hay todavía un pequeño margen para cerrar en el Consejo Europeo del 17 y 18 de octubre un acuerdo.

Sería sustantivamente muy parecido al que consiguió Theresa May, aunque se presentaría con una terminología distinta. De ese modo, Johnson evitaría el papelón de tener que pedir una nueva prórroga o de desafiar la ley que le obliga a no salir de la UE sin acuerdo. Iría a unas elecciones en noviembre con los deberes hechos, tras culminar el Brexit. No tendría necesidad de destruir la economía y la política del Reino Unido para colmar su ambición de residir en el número 10 de Downing Street.

José M. de AreilzaArticulista de OpiniónTemas

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