«Queer Eye», un programa que inspira por su frivolidad


Accidentalmente, aunque por fortuna, he empezado a ver «Queer Eye» (Netflix) un programa que es a una vida lo que Chicote a un restaurante. De consejeros ejercen cinco «fabulosos» con un conocimiento concreto: decoración, peluquería, moda, cocina y (last but not least) psicología, y juntos se ocupan de cambiar (para mejor) la vida de una persona atormentada. Podríamos decir que reflotan una vida. La sacan de ese lugar donde las vidas quedan varadas cual barca de Chanquete. A veces somos como un pájaro metido en el desván y necesitamos que alguien nos muestre la salida.

Parece una tontería, una frivolidad, pero ninguna de estas cinco disciplinas es menos importante que las demás y el conjunto nos ayuda a ver que la vida es fundamentalmente una cuestión de equilibrio.

Hay personas que sufren por su escasez de pelo, otras llevan el mismo jersey desde 1987 por falta de ganas, algunas viven en la absoluta desertización decorativa y casi todas se olvidan en algún momento de los demás. De lo que los demás encontraban en ellos, de lo que los demás necesitan de ellos.

Entonces llegan estos cinco sonrientes seres «flamboyantes» y con empatía y unos cuantos consejos logran una pequeña catarsis que (no podemos engañarnos) tiene su punto culminante y causa principal en el trabajo de redecoración de la casa (a veces habitáculo) de la persona en cuestión, un poco como con Chicote, donde lo que más se agradecía al final era el trabajo de carpintería y restauración.

«Queer Eye» inspira por su frivolidad. A veces basta rodear tu espacio de cosas agradables, o aprender a peinarte. Salir de la cama exige un salto titánico que sería más fácil si viniera impuesto por la obligación de prepararle al de al lado un brioche casero con mermelada de arándanos. Ellos lo llaman «mariconsejo», y funciona. Lo bonito requiere mucha disciplina. Lograr algo pequeño y hermoso, sobre todo si es para los demás, es la mejor manera de empezar a hacer algo mayor. La mejor manera de encontrarse.

Quién tuviera cerca una patrulla salvadora de «queer eyes»…

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