los secretos que podría revelar




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En el siglo X, una pequeña comunidad de campesinos humildes se asentó en el castro de San Lourenzo, sitio en la actual parroquia de Cereixa (Lugo), sobre los vestigios de un poblado fortificado de época romana que se utilizó para dar cobijo a los trabajadores de las explotaciones auríferas de la zona. Estos nuevos habitantes, impulsados por el proceso de cristianización que se propagó por buena parte de Europa durante la Alta Edad Media, levantaron una ermita y a su alrededor establecieron su propia necrópolis.

Mientras que los restos del templo religioso apenas se intuyen, las tumbas de los pobladores medievales siguen saliendo a la luz. El proyecto arqueológico liderado por Xurxo Ayán, investigador de la Universidade Nova de Lisboa, y que acaba de finalizar las excavaciones de su quinta campaña en el yacimiento del castro de San Lourenzo, ha hallado 17 nuevos sepulcros durante este último mes, lo que asciende el cómputo global a un total de 60.

Pero este verano se ha registrado un hallazgo excepcional: en una de las siete tumbas individuales recién descubiertas, los arqueólogos se han encontrado con un cuerpo en “muy buen estado de conservación”. “Se trata de un sujeto adulto, de unos 40 años, y es casi seguro que sea una mujer por la forma de los huesos de la pelvis”, explica Ayán a este periódico tras un primer análisis sobre el terreno. El cráneo está prácticamente intacto y conserva buena parte de la dentadura, que presenta desgaste y podrá arrojar datos sobre la dieta de esta persona y posibles patologías que padeciese.

Esta tumba de lajas, escavada a medio metro del suelo y cubierta con una losa extraña en comparación con las de su alrededor, era la más monumental del yacimiento y su apertura se dejó para el último día de los trabajos. Ayán y su equipo, formado por tres arqueólogos, una antropóloga y catorce voluntarios de varios países, confiaban en desempolvar ahí el premio gordo. “Cada tumba es un mundo; hay tres en las que no apareció nada; en otra, solo el tren frontal de un cráneo. Ya conocemos el yacimiento y lo más monumental tenía que estar ahí por estadística”, revela el experto.

¿Pero por qué los huesos de esta mujer medieval presentan un estado de conservación tan bueno si se los compara con los restos de sus contemporáneos? La explicación hay que buscarla en la forma de enterramiento: mientras que la mayoría de las sepulturas se rellenaron con tierra —en Galicia es muy ácida, lo que provoca la pulverización de los huesos— la de esta mujer no. Al ser cubierta con una losa, generó “una suerte de cámara de aire”, según explica el arqueólogo, lo que ha favorecido su protección.

Atilano y la ermita

Los huesos serán exhumados antes de que finalice la semana y enviados al laboratorio para proceder a su estudio, para profundizar en el conocimiento de la comunidad campesina que se asentó en el castro de San Lourenzo entre los siglos X y XIII. De hecho, este hallazgo guarda similitudes con la joya del yacimiento, un cuerpo desenterrado hace dos años y bautizado como “Atilano”.

Los restos de la mujer medieval hallados en el castro de San Lourenzo.

Xurxo Ayán

A través del análisis de isótopos, se ha podido determinar que que este sujeto, nativo del territorio donde fue sepultado, consumía altas dosis de proteínas cárnicas, pescado y cereales, lo que podría indicar su pertenencia a una élite. El nuevo esqueleto descubierto, no obstante, presenta un mejor estado de conservación que el de Atilano, por lo que se espera poder recabar más información sobre los hábitos de vida de estos pobladores medievales.

A lo largo de las cinco campañas de excavación, apenas se han hallado ajuares funerarios o armas, como sí ha sucedido en otras necrópolis feudales de Asturias y País Vasco. “Esto confirma que se trata de comunidades campesinas igualitarias, en las que no se registraban grandes desigualdades sociales. Ellos fueron los fundadores de las parroquias gallegas”, asegura Xurxo Ayán, cuya campaña está promovida por una asociación vecinal, el Ayuntamiento de A Pobra do Brollón y la Universidad de Lisboa.

Si bien todavía no ha sido posible confirmar arqueológicamente la relación del cementerio medieval de Cereixa con un templo religioso cristiano, todas las pistas conducen a ello, como la orientación de las tumbas con la cabeza hacia el oeste o con el hallazgo de los brazos en cruz sobre la barriga, que enroca con rituales que creían en la resurrección. Las propsecciones en el castro de San Lourenzo también han sacado a la luz algunos elementos paganos, como amuletos de hierro perforados, carbones o cuentas de collar, lo que demuestra que estas creencias convivieron con la implantación del cristianismo.

Los arqueólogos, durante una de las jornadas de trabajo en Cereixa.

Xurxo Ayán

Con jornadas de puertas abiertas para los vecinos y la prensa local, así como con retransmisiones en directo a través de las redes sociales de las excavaciones, esta campaña arqueológia pretende poner en valor el castro y convertirlo en una atracción turística. Pero sobre todo, conocer cómo eran los antepasados de los actuales habitantes de Cereixa.

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