una manada de genios millonarios


Golfo de Botnia. Con esa respuesta, se desató la locura. Los Lobos, tras más de 500 programas y dos años, habían resuelto las quince bombas de la ronda final de «¡Boom!». Entre confeti, abrazos y saltos, con el «We are the Champions» como banda sonora, Manu, Erundino, Valentín y Alberto hicieron historia al ganar el mayor premio de la historia de la televisión en Antena 3: 6.689.700 euros. Eran millonarios. A su lado, Juanra Bonet, presentador del concurso, seguía boquiabierto. Más de cuatro millones de espectadores lo celebraron el lunes con ellos desde sus casas. Aunque lograron la hazaña el 20 de junio, los miembros de este grupo, tan cultos como humildes, aún están «en una nube» de la que no quieren bajar.

¡Boom!

No olvidan a su quinto compañero, el salmantino José Pinto, ganadero de profesión, que tras abandonar el programa falleció repentinamente en febrero tras sufrir un infarto. «Recuerdo que sus hermanas fueron las primeras en felicitarnos. Llamé a Olga (hermana de José) para contárselo y mientras ella nos daba la enhorabuena, oía a su marido de fondo: “Es lo justo”», recuerda Erundino.

Curiosamente la historia de los Lobos (o Lupus, como iban a llamarse en un principio) empieza con Valentín. O más bien con Victoria (¿nombre premonitorio?), su mujer, que fue la que le animó para crear un equipo para ir a «¡Boom!». Entonces, Valentín, estaba pasando una enfermedad y ganaba 250 euros al mes como profesor universitario de Arte. «La intención era ganar dinero, pero una vez metidos en el fregado ya no pensábamos tanto enel sino en hacer programas bonitos. Al primero que llamé fue a Erundino. Competimos uno contra otro en “Saber y ganar” pero hicimos una buena amistad. Era mi primera apuesta y ha demostrado que es fantástico. Luego probé con Antonio Ruiz, pero estaba a punto de ir a “Pasapalabra”. ¡Y acabó ganando el Rosco!», explica Valentín.

José, el «animal televisivo de personalidad desbordante», también venía de «Saber y ganar», al igual que los otros cuatro lobos. El ganadero no dudó en sumarse a este equipo de élite, aunque lo acabó dejando en el programa 373 por motivos personales, llevándose su parte de lo ganado hasta entonces. «Y yo entré por la baja de una compañera», bromea Manu, crítico de cine. «Nos tomamos una cerveza una hora antes del casting y salió bien. Aunque me costó 90 programas empezar a soltarme», rememora. El último fichaje, tras la marcha de José, fue Alberto, maestro jubilado: «Con lo soso que era yo, y sustituía a José. Creo que a la gente lo que le gusta es que en pantalla aparecemos como somos». «Al final la clave es la naturalidad. Cada uno tenemos una personalidad distinta pero hay química y eso llega», cuenta Manu. «Ya física… no», bromea Alberto.

Maratón de grabaciones

Cada semana, los distintos integrantes de esta camada de élite viajaban a Barcelona para grabar ocho entregas de «¡Boom!», cuatro cada día. «Mantener la concentración durante todo el programa era muy difícil», reivindica la camada. El programa en el que ganaron el bote fue el tercero del primer día de rodaje. «Ha sido muy complicado. Yo he podido grabar porque había un tren que paraba en Guadalajara, si no no hubiera llegado con los días de vacaciones», cuenta Erundino, ingeniero de montes de profesión. «También he podido compaginarlo porque siempre participo en la campaña de incendios en verano, lo que generaba días libres que recuperaba en grabaciones», añade el lobo más «enciclopédico».

Aunque los cuatro coinciden en que la preparación «viene de casa», estudiaban posibles preguntas de actualidad gracias a los apuntes de Manu, el más analítico. Valentín, además, preparaba listas con posibles temas de cultura general: países, capitales, inventos… «El límite entre las preguntas evidentes y las imposibles son las que se pueden hacer, las bonitas. Ya era un poco como nosotros contra los guionistas», bromean. «Yo me estudié diez mundiales y dejaron de hacer esas preguntas», puntualiza Manu. En su pulso por desactivar las bombas, incluso adivinaban qué guionista hacía cada pregunta. Y se imaginaban las «ideales»: «Yo eché de menos la pregunta del fundador de Wikipedia, Jimmy Wale. Es fantástico, vas de link en link. También esperaba una preguntar sobre la relación de Voltaire con los relojes», inventa el risueño Valentín. «Yo me esperaba una pregunta de alguna presidenta, como la de Georgia o Blangadesh», añade Alberto. Manu –que concursaba todos los días con una pulsera en el bolsillo y sus calzoncillos de “Boom”, verdes para el primer día de grabaciones y negros para el segundo– respiró aliviado cuando preguntaron por Sirimavo Bandaranaike, la primera mujer primer ministro del mundo, en Sri Lanka.

Antes de salir al plató, se daban unos golpecitos en la espalda. En el «punto de Fafner», algo así como el talón de Aquiles en la mitología germana. «Nos activaba y nos llevaba a la máxima concentración», señalan estos «Vengadores» del saber. Pese a la tensión del concurso, no han tenido grandes desavenencias. «Si no estábamos de acuerdo en una pregunta o fallábamos analizábamos en un minuto lo que había que aprender y borrón y cuenta nueva, porque el programa seguía y si te descentrabas acababas fallando y a casa», zanja Manu, habitual portador de los alicates.

En este tiempo, Los Lobos, incluso se volvieron expertos en televisión y en sus diferentes estrategias: «Todos los días mirábamos la audiencia. Nos daba un poco de rabia los manejos de la competencia, alargar el programa para que las cifras cambien», reconocen Erundino y Valentín.

El bote de Hacienda

Pese a que los cuatro compinches se hayan repartido a pachas el bote de 6.689.700 euros, no ganarán lo mismo, según informa el periodista de esta casa Javier Tahiri. La razón de ello es que cada uno de los ganadores reside en una comunidad autónoma distinta: el que más pagará es el alicantino Valentín, y los que menos Manu y Erundino, residentes en la Comunidad de Madrid, aunque sean de Navarra y Guadalajara, respectivamente. Si bien cada uno recibirá 1.672.425 euros brutos, en los cuatro casos Atresmedia les dará el premio con una retención del 19%, es decir, 317.760,75 euros.

Posteriormente, cuando el año que viene hagan la declaración de la Renta de este ejercicio, les saldrá a pagar la diferencia con los tipos impositivos que se aplican en cada comunidad. Los dos que viven en Madrid serán los que menos paguen en total al Fisco (unos 715.890 euros, es decir, Hacienda se quedará en total con un 42,8% del premio) mientras que el alicantino será el que más pague: 788.436 euros, un 47,14% del premio: 72.546,32 euros más que los de Madrid. Por último, Alberto, andaluz, pagará a Hacienda en torno a 787.400 euros en total (un 47%).

«Este tipo de ingresos atípicos deberían estar gravados con una fiscalidad menor. Si lo ganas todos los años, lo entiendo, pero esto solo nos va a pasar una vez en la vida. Los que ganan mucho tienen mecanismo para eludir los impuestos, creo que no está bien ajustado», reflexiona Valentín. «Es una obligación contribuir a la hacienda pública y nosotros nos hemos pasado mucho tiempo defendiendo lo público, nos lo creemos firmemente. Pero suscribo todo lo que ha dicho Valentín, debería contar la ocasionalidad de estos ingresos», subraya Erundino. También Manu insiste en la excesiva fiscalidad de este ingreso único. «La legislación está hecha para concursos de un día, nosotros nos hemos tirado dos años. Yo por lo menos le pondría un tipo asimilable a una Lotería», plantea. Solo Alberto parece conforme con el mordisco del fisco. «Me quitan en función de lo ganado. Yo he sido funcionario y luego jubilado y el dinero se saca de ahí», insiste.

Y ahora… ¿qué?

«De momento, pienso disfrutar de la vida. Me voy a comprar un piano y voy a aprender a tocarlo», confiesa Valentín. «Mi vuelta a la rutina no ha cambiado mucho. Yo vuelvo a la cola del paro, pero con un buen colchón, así que a mí “¡Boom!” me ha dado tranquilidad. Eso sí, me daré algún capricho, como un viaje por Nueva Zelanda», añade Manu, que seguirá escribiendo críticas de cine y tampoco descarta probar suerte en otros oficios «creativos», como el de guionista. «Sabemos lo que cuesta ganar el dinero y sabremos gastarlo», refiere Alberto, que no va a cambiar su vida de jubilado.

«Yo tengo que pensar todavía qué hacer, a mí mi trabajo me encanta. Es un momento de replantearse todo», plantea Erundino. «Yo no tengo ninguna intención de volver a trabajar», zanja Valentín entre risas. Tampoco planean volver a la televisión a corto plazo. Incluso los imbatibles Lobos merecen descansar, aunque dejen un poquito huérfanos a su público.

Los Lobos, un pozo de sabiduría que se fraguó en «Saber y ganar»

Manu Zapata, Valentín Ferrero, Erundino Alonso y Alberto Sanfrutos hicieron historia el pasado lunes, cuando ganaron el mayor premio de la historia de la pequeña pantalla. Final de ensueño para un cuento de hadas al que solo se puede poner un pero: que el inolvidable José Pinto no haya podido disfrutar de la celebración. Cada uno de Los Lobos, no obstante, tiene una historia de lo más particular:

Valentín Ferrero, profesor: Docente de Arte, suya fue la idea de ir a «¡Boom!». «Mi situación familiar se había complicado mucho. Iba a cambiar la universidad por un instituto y en los meses de transición dije:“Pues vamos a ‘¡Boom!’ y sacamos unas ‘perricas’”. ¡Pero se convirtió en lo que se convirtió!».

Manu Zapata, crítico de cine: Ana Blanco, «magnífica» de «Saber y ganar», conoció a Valentín en el concurso de La 2. El profesor la tanteó para formar parte de Los Lobos, pero ella no pudo. En cambio, le dio la idea de fichar a Manu, otro «magnífico». «Queríamos ganar el primer día y luego, ver dónde podíamos llegar. Estoy muy orgulloso de que se nos conozca por contestar preguntas, porque significa que la gente quiere fomentar la cultura».

Alberto Sanfrutos, maestro jubilado: Tras la renuncia de José Pinto, el equipo contactó con Alberto, exprofesor de educación física y que había sido el primer «magnífico» en la historia de «Saber y ganar». Tras ganar el bote, echará un cable a sus dos hijos, de 32 y 25 años, pues ambos están en paro. «No hay palabras para agradecer todo esto».

Erundino Alonso, ingeniero de montes: Aficionado a la pesca, Valentín y él se conocieron en «Saber y ganar». El profesor solo estuvo trece programas, pero Erundino fue «magnífico» y el maestro le llamó para que formase parte de Los Lobos. Aceptó a la primera, pese a las exigencias de su trabajo diario, que en ocasiones le costó compaginar. «Ha sido difícil», asegura. Más todavía después de 505 programas cortando cables. «Veíamos la vida en términos de preguntas», asevera.

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