Un Rey aristotélico



Nunca he sido monárquico, intelectualmente. Tampoco republicano. La pretendida contraposición me resulta anacrónica. Basada en un supuesto antagonismo y con una visión tan simplista, hoy no merece ni siquiera contradecirla. Una burda caricatura que identifica a la Monarquía con un sistema menos democrático y, por ende, menos preocupado por los derechos ciudadanos y la justicia social, frente a la República como gobierno legítimo del pueblo que promueve el respeto de las libertades y la consecución del bien común. En nuestro mundo, para medir la calidad democrática de un país lo único que no cuenta es que el Jefe del Estado derive de un régimen monárquico o republicano.

Acudamos a los clásicos que siempre arrojan luz cenital. Una de las obras… Ver Más

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