La cara más realista y descarnada de la prostitución gay



La prostitución en el cine es un asunto espinoso. Es difícil no posicionarse (o en el abolicionismo o en su legalización), y también lo es mantener un equilibrio que no caiga en la idealización de comedias románticas como Pretty Woman o Un regalo para papá; ni el lado sórdido de la trata de mujeres y las condiciones de las personas que se ven obligadas a ejercerla como forma de sobrevivir.

En ese trabajo de funambulista es donde se sitúa Sauvage, la ópera prima de Camille Vidal-Naquet que radiografía la prostitución masculina, y en concreto la homosexual con la habilidad de no juzgar a ningún personaje. Para ello coloca en el centro de su historia a Leo, un joven que vive en la calle como puede, se droga y está enfermo, pero nunca la cámara lo capta desde la condescendencia o como un despojo. No sabemos nada de su pasado, sólo que vende su cuerpo en una serie de relaciones en las que busca algo de afecto o incluso amor, algo que el director cree que no es “excluyente con el mundo de la prostitución”.

Vidal-Naquet cuenta a EL ESPAÑOL que el motor del filme fue mostrar “a un personaje que puede conservar intacta su integridad en un mundo que es brutal para nosotros y para mucha gente a la que expulsa”. “La película habla de gente que está en la precariedad, que vive en la calle, y tenemos la tendencia a pensar que esa gente no tiene sentimientos. Las calificamos como ‘sin techo’ y no les vemos como individuos con sentimientos. A mi personaje la prostitución no le define, no es un prostituto, es un ser humano que se define, antes que nada como eso, como ser humano”,apunta.

Para ello pasó tres años hablando con prostitutos callejeros que tenían relaciones con hombres y que subraya que no están escondidos, sino que están delante de nosotros aunque no les queramos ver. Ese trabajo se plasma en la dignidad con la que trata a su personaje, en su retrato natural y realista del sexo, rozando lo explícito, y en su mirada sin prejuicios y sin posicionamiento, algo que no le ha sido fácil: “Todo el mundo se posiciona rápidamente con el tema de la prostitución. He pasado mucho tiempo con estos chicos que se prostituyen, casi tres años. Y después de ese tiempo creo que tengo más preguntas que antes. Antes podía tener una postura, pero ahora… me parece tan complejo, tengo incluso más preguntas, pero luego oímos a los políticos hablando de la prostitución, pero ¿dónde está la voz de los trabajadores del sexo?”.

Por todo ello Sauvage es una película política sin subrayar su mensaje, sin aspavientos. Como dice su realizador: “es política sin ser militante”. “Claro que hay gestos eminentemente políticos en la película, como mostrar una realidad que es invisible para la gente, que no queremos ver. Y es político mostrar a este chico sin juzgarle. Verles de verdad, de una forma que hasta ahora no habíamos visto”, añade.

Todo el mundo se posiciona rápidamente con el tema de la prostitución. He pasado mucho tiempo con estos chicos que se prostituyen, y creo que tengo más preguntas que antes

También ve un gesto político el mostrar que los hombres pueden ser “tiernos”, y no sólo las mujeres o los gais. “Para mí era muy importante mostrar la ternura entre hombres, y no hablo de homosexualidad. Hay una especia de norma en la sociedad de que no se puede ver a los hombres siendo tiernos los unos con los otros, por supuesto nuestros políticos creen que la ternura es algo reservada a las mujeres y que los hombres no nos tocamos, y eso no lo entiendo”.

Sexo democrático

Decía Pedro Almodóvar, en boca de Carmen Machi en su maravilloso cortometraje La concejala antropófaga, que no hay nada más democrático que el placer. Durante el sexo no hay clases sociales, ni gordos ni flacos, sólo dos cuerpos rendidos a la pulsión más primaria, a la ley del deseo. Y eso es algo que está también en Sauvage, donde las escenas de sexo, aunque sean en el contexto de la prostitución con hombres homosexuales, iguala a la gente que duerme en la calle, los cuerpos fibrados y hasta a las personas en silla de ruedas, así que Camille Vidal-Naquet se siente “sumamente de acuerdo” con tal afirmación.

“En la película no hay juicio sobre esas personas. En Francia no hay ninguna representación de la sexualidad de gente mayor o discapacitada, y eso es absurdo, es como si para nosotros los discapacitados no tuvieran sexualidad. He hablado con estos chicos que se prostituyen durante años y ellos nunca hablan sobre estas personas de esa forma. Para ellos no son discapacitados, o viejos, son clientes. Nunca he conocido a nadie que juzgase menos a las personas”, zanja este director que cree que en el cine “es más fácil mostrar la desnudez que la intimidad, desnudar el cuerpo que el corazón”.

Aunque sus influencias parecen pasar por Gus Van Sant -al que reconoce admirar-, el director francés prefiera hablar de otros nombres como Paul Verhoeven en su retrato de la sexualidad, los hermanos Dardenne por captar el ritmo de la calle y de los personajes al borde, y de dos nombres desconocidos por muchos espectadores pero que reivindica con vehemencia: Paul Morrisey y Alan Clarke.

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